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Claves para entender un vino

Comprender los tintos, blancos y espumantes que se bebe potencia el disfrute y convierte cada copa en un aprendizaje.

Si bien un vino no necesariamente tiene que ser interpretado de forma académica, para un disfrute más completo es fundamental tratar de entender la copa que se tiene enfrente. Los tintos, blancos y espumantes no son como cualquier otra bebida, sino que tienen sus matices y particularidades que hacen que cada vino sea único. Por eso, es indispensable prestarle atención a ciertos aspectos para entenderlos y disfrutarlos más y mejor.

1. Elegir el vino adecuado para cada situación: Hay distintos estilos de vinos que por sus características se adaptan mejor o peor a cada situación de consumo. Si se quiere beber una copa de aperitivo, lo mejor es optar por vinos blancos jóvenes, frescos y fluidos, como un Sauvignon Blanc o un rosado. Asimismo, para una cena sobria y elegante hay que elegir un vino con más carácter, como un Cabernet Sauvignon o un Malbec criados en roble.
2. Beberlo a temperatura correcta: Servir un vino a la temperatura correcta es más importante de lo que muchos piensan, ya que de ello dependerá la expresión de todos sus aromas. Las temperaturas de servicio ideales son: espumantes de 6° a 8°C, blancos jóvenes de 7° a 10° C, blancos de guarda y rosados de 10° a 12°C, tintos de guarda de 16° a 20°C y cosecha tardía de 8° a 12°C. Algo a tener en cuenta es que cuanto más temperatura tenga el vino, más va a expresar todos sus aromas, tanto los frutales como los alcohólicos.
3. Pensar en la variedad: Cada cepa tiene características que la distinguen de otras, por eso, cuando se degusta un vino es importante buscar las notas que caracterizan al cepaje en cuestión. La fruta roja en el Malbec, las notas austeras en el Pinot Noir, las especias en el Cabernet y en el Syrah, entre otras.
4. Elegir las copas adecuadas: Lejos de ser un capricho o algo meramente estético, la forma de las copas hace que el vino se perciba mejor; ya que su diseño fue pensado en base a la distribución de las papilas gustativas en la lengua y la manera en que el vino ingresa en la boca. Elegir la más apropiada es clave.
5. Conocer el origen del vino: Es fundamental saber cuál es el lugar en el que nacen las uvas con las que se elabora el vino. Más allá de la varietalidad, cada terruño le aporta al vino características únicas e irrepetibles.
6. Combinarlo adecuadamente con la comida: Un acuerdo correcto entre vinos y comidas potencia la experiencia gourmet. Mientras que los platos más sencillos y livianos exigen vinos de las mismas características, las preparaciones más complejas se acompañan mejor con vinos estructurados, voluminosos y tánicos.
7. Optar por una buena compañía: Los grandes vinos nunca se abren en soledad. Para un aficionado no hay nada como compartir una etiqueta especial con sus seres queridos.
8. Tomarse el tiempo para disfrutarlo: Es muy importante tomarse el tiempo para apreciar todo lo que hace a un vino: su color, sus aromas y sus sabores. Sólo así se termina de entender cabalmente cada uno de sus matices.

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