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El verdadero lujo asiático

En Huaxi, la ciudad de los socialistas millonarios de China, se levantó uno de los hoteles más lujosos y extravagantes del mundo, el Longxi Internacional, uno de los más modernos, ostentosos y caros.

El caso de Huaxi es conocido. Un pueblo en el que los residentes, unas 200.000 personas, son copropietarios de todo lo que conforma la ciudad y que reinvierten casi la totalidad de lo que ganan en más infraestructura y nuevos negocios. Es la ciudad de los millonarios chinos, que de aldea insignificante pasó a modelo de socialismo exitoso, con la salvedad de que solo incluye en sus éxitos a los residentes, no así a los trabajadores que no tienen su domicilio allí.
Allí, uno de sus íconos es el Longxi International Hotel, cuyo nombre significa “deseo eterno”. Se trata de un edificio de 328 metros de altura, moderno, fastuoso, con detalles como cinco esculturas a tamaño real de toros, una de ellas hecha con una tonelada de oro, que acapara la atención apenas se pisa el lobby. Es una construcción de líneas futuristas que se encuentra entre los diez más altos de China. Valuado hoy en US$ 490 millones, el hotel es propiedad de 200 accionistas, vecinos de Huaxi todos ellos, que aportaron 1,5 millones de dólares cada uno.
El lujoso alojamiento tiene 72 pisos, 35 ascensores, los más rápidos de los cuales alcanzan una velocidad de 10 metros por segundo, y 842 habitaciones, las más costosas a US$ 12 mil la noche. Además, todos los espacios comunes y las habitaciones sirven como galería de arte que incluye desde pinturas tradicionales chinas hasta obras de caligrafía y finas piezas de jade.
Entre los varios restaurantes y bares que allí conviven, el espacio gastronómico más relevante es el que se encuentra en el piso 70: un comedor giratorio para 800 personas que permite abarcar toda la extensión de Huaxi. Otro lugar irresistible dentro del hotel es el piso 61, donde se encuentra la piscina al aire libre, rodeada de un jardín en el que plantas y aves se disputan la atención del huésped.
El Longxi es un compendio de todo lo que se espera de un hotel, pero siempre con un detalle que lo distingue. No tiene una, sino 16 suites presidenciales. Así como ofrece una disco, teatro, gimnasios y un cine, propone al viajero disfrutar de un pabellón para practicar o aprender alfarería, algo único en el mundo.

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