De Cultores

Personajes

Tres años sin Miguel Brascó

Su personalidad y su legado lo convirtieron en un hombre respetado tanto en el mundo del vino como en el de la cultura. A tres años de su partida, repasamos la historia de un entrañable bon vivant.

Este mes se cumplen tres años del fallecimiento de Miguel Brascó. Catalogarlo es francamente imposible: fue escritor, dibujante, poeta, abogado y un vehemente amante del vino y de la buena mesa. Brascó fue un bon vivant de profesión, un artista de las palabras que legó al mundo la gran novela Quejido Guacho y un pionero del periodismo gastronómico en Argentina.
Miguel nació en 1926 en la localidad de Sastre, en Santa Fe, pero se crió y vivió hasta los doce años en Puerto Santa Cruz. Su infancia en la Patagonia –entre guanacos, caballos y pollos con nombre propio que inmortalizó en sus obras– derivó en una gran predilección por sus paisajes y su terruño. Estudió abogacía en la Universidad Nacional del Litoral y el posgrado de derecho en la Universidad Central de Madrid, donde conoció a los reconocidos poetas españoles Vicente Aleixandre y Carlos Bousoño.
A lo largo del tiempo, su personalidad seductora le permitió cosechar amigos con un denominador común: todos eran los mejores en lo suyo. Astor Piazzolla, Julio Cortázar, Carlos Alberto Dumas y Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino, son sólo algunos de ellos. Luego llegaría su participación en la revista literaria Leoplán, en la que realizaba el suplemento de humor llamado Gregorio, donde participaron grandes personajes de la cultura como el periodista Rodolfo Walsh y el historietista Raúl Damonte Botana, más conocido como Copi. En las décadas del ’70 y ’80 fue Director Editorial de la revista Diners, Ego y Status, donde fusionó el erotismo y la alta cocina en crónicas fotográficas, dibujos y relatos. Su experiencia y su aporte a la cultura fueron reconocidos en 1984 con un Diploma al Mérito Konex en el rubro Literatura de humor. Pero además de sus publicaciones en medios gráficos, Brascó escribió el libro de cuentos Criaturas Triviales, cuatro de poesía y la novela Quejido Huacho de 1999, su mayor legado.
A partir del año 2000 Brascó se dedicó principalmente a la difusión del vino argentino. Como tal, fue un incansable defensor del concepto del “paladar genético”: el vino forma parte de nuestra cultura, nuestros tatarabuelos ya disfrutaban de los tintos y blancos en estas latitudes; la transmisión del amor por esta noble bebida –según Miguel- es innata. Escribió guías y anuarios, condujo programas de televisión, realizó cortos para el canal El Gourmet y colaboró en medios gráficos como Cuisine & Vins y El Conocedor. A pesar de ser un auténtico sabio del vino, siempre hizo hincapié en el disfrute que provoca la bebida en lugar de en aquello que “hay que saber” sobre ella.
Desde De Cultores, hoy recordamos al entrañable Brascó con mucho cariño por su unicidad, su intelecto y su invaluable aporte a la vitivinicultura argentina.

Quiero suscribirme a De Cultores