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El sueño de la cava propia

Tener una cava no es solo juntar más y más botellas de vinos, sino que implica coherencia, planificación e inteligencia. Aquí, cuatro estrategias claves para tener en casa la cava ideal.

Comenzar a armar una cava desde cero es una tarea tan emocionante como abrumadora. A menudo vienen a la mente las imágenes de esas cavas subterráneas impolutas, de materiales nobles y cristales, pero mucho antes de pensar en la estética y el diseño del espacio hay que atravesar la etapa más determinante para lograr los resultados esperados: abastecerse de una colección de vinos. Para ello, los dos factores principales a tener en cuenta son el estilo de vida y la inversión inicial que se está dispuesto a hacer.

A continuación, exploramos distintos tipos de cavas posibles a través de cuatro alternativas pensadas –que perfectamente pueden convivir– para ayudar a los amantes del vino a definir sus objetivos y garantizar que su cava personal -ese espacio sagrado- satisfaga sus necesidades:

 

La cava equilibrada

En la variedad está el gusto, por eso, la cava debería incluir etiquetas de distintas cosechas, segmentos de precio y estilos. Es fundamental un equilibrio entre blancos y tintos, vinos jóvenes y maduros, etiquetas para la mesa diaria y también ejemplares prestigiosos.

Con este tipo de cava en mente se evita un problema que se les presenta a varios coleccionistas: tener un montón de vinos en stock pero pocos para beber, ya sea porque requieren un envejecimiento prolongado de la botella o porque es una selección de etiquetas de alta gama reservadas para un momento especial.
La cava equilibrada es la mejor opción para aquellos consumidores principiantes que esperan atesorar una colección seria pero aún están incursionando en el mundo del vino.

 

La cava para disfrutar hoy

Este sector de la cava debe centrarse exclusivamente en vinos que están listos para beber de inmediato; etiquetas que ya tienen sus dos años de estiba y están “justos” para disfrutarse. Vinos con poca crianza en barricas o ejemplares jóvenes concentrados formarán parte de este sector. Nunca hay que olvidarse que un vino reserva, no importa la cepa que sea, definitivamente crece con unos años de botella.

 

 

La cava de degustación

Es una herramienta de aprendizaje para aquellos consumidores que disfrutan de hacer degustaciones comparativas, como por ejemplo una cata vertical de las distintas añadas de un mismo vino. En esta cava se atesoran vinos que logran profundizar el conocimiento y expandir el horizonte sensorial del coleccionista mejorando su comprensión de esta bebida en toda su complejidad y diversidad.

Algunos amantes del vino utilizan la cava de degustación como una herramienta didáctica para aprender las características más destacadas de un estilo de vino, una cosecha o un terruño específico. Los vinos en esta cava pueden ser de todas las gamas de precios. Incluir en este espacio una mesa de cata es perfecto para realizar degustaciones en grupo y disfrutar de todo su potencial.

 

La cava de inversión

En este tipo de cava el objetivo del coleccionista está puesto en otro lado: se centra en el potencial que sus vinos puedan tener a futuro. Por eso, la selección de etiquetas debe considerar tanto a los gustos propios como a los vaivenes y demandas del mercado. Además, se debe tener en cuenta que para ser vendidos con éxito, los vinos deben estar impecablemente almacenados y la guarda debe ser especialmente cuidadosa.

La mecánica para crear una cava de inversión es bastante simple: comprar vinos de guarda altamente calificados, atesorarlos cuidadosamente durante al menos cinco años y luego venderlos en subastas o a coleccionistas. Sin embargo, esto requiere una gran inversión inicial y el compromiso de guardar los vinos durante años para cumplir con el objetivo de convertir el proceso en un negocio a largo plazo.

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