De Cultores

Entrevista

Fabricio Portelli; 15 años en el mundo del vino

Es uno de los críticos y referentes del vino más destacados del país. Recorrió el mundo catando y visitando viñedos y tiene una mirada global de la industria que muy pocos periodistas han logrado.

Fabricio Portelli es sin dudas uno de los grandes referentes del mundo del vino. Es, de hecho, el primero de una generación de jóvenes que se recibió de sommelier a principios de siglo y decidió dedicarse, no a los restaurantes ni al servicio, sino a catar y escribir artículos periodísticos.

Organizó ferias y concursos, comunicó a través de las revistas, la radio y la televisión, fue jurado en múltiples oportunidades y es continuamente invitado a dirigir catas y charlas.

 

Ya hace muchos años que trabajás en el mundo del vino argentino. ¿Qué evolución has visto en blancos y tintos?

Creo que estamos en medio de un proceso constante en el que los enólogos van aprendiendo a medida que hacen sus nuevos vinos. La evolución llega cuando se logran sacar conclusiones de los cambios que se aplican. Los mejores vinos no fueron los concentrados de antaño, como tampoco serán los vinos actuales fermentados en cemento y cosechados tempranamente. Los mejores vinos argentinos llegarán de la mano de aquellos que se tomen el tiempo para aprender en la bodega y sacar al mercado aquellos ejemplares que estén en línea con su búsqueda.

 

¿En qué nivel ves a los vinos argentinos comparados con los de otros terruños del mundo? ¿Qué crees que les falta para estar entre los líderes a nivel mundial?

La búsqueda de los hacedores locales es genuina pero apresurada en comparación con los demás terruños del mundo. Queremos competir con vinos a los cuales el tiempo (y la calidad) ha vuelto indiscutibles, y eso es imposible a corto plazo. El Malbec es el mejor vehículo que tenemos para interpretar nuestros terruños, y encima nadie más lo usa en el mundo. Eso hay que potenciarlo. Pero nos falta tiempo y consistencia en las búsquedas. Hoy los personajes son más importantes que los lugares, y en ese camino se cometen errores. Eso confunde más de lo que ayuda.

 

¿Crees que el consumidor argentino de vinos es un consumidor maduro?

Depende cómo se lo mire. Por paladar seguro que sí porque hay algo del “paladar genético”. Es decir, el vino nos es familiar, y a partir de ello cada uno lo aborda como puede o como quiere. Probablemente, esta actitud es más inconsciente que conciente. Lo que quizá falte es un poco de orgullo en la bebida nacional, algo que en los países tradicionales (Francia, España e Italia) es moneda corriente, no solo entre los consumidores, sino entre todos los habitantes.

 

¿Creés que la Argentina debería concentrarse en el Malbec o trabajar con otros varietales?

Hay que poner el foco y no aflojar en mejorar el Malbec, y al mismo tiempo ver cómo complementarlo. Con los blends a base de Malbec, con los rosados, etcétera. Esto de ninguna manera impide trabajar con otros cepajes. Pero la gran preocupación debería ser el Malbec, porque se da como en ningún otro lugar en el mundo, como sucede con el Nebbiolo del Piamonte, el Pinot Noir de la Borgoña o el Cabernet Sauvignon de Burdeos.

 

¿Qué opinas de la incorporación de un enólogo joven como Pablo Cúneo a una bodega centenaria como lo es Luigi Bosca?

Es un gran desafío para ambas partes. Para Luigi Bosca es la manera de seguir manteniendo su vigencia como lo hace desde hace décadas. El estilo de la casa está garantizado por tener detrás a un agrónomo de lujo como el Ing. Alberto Arizu (p), una de las grandes personalidad del vino argentino. Por el lado de Pablo seguro que es el máximo reto de su vida, porque puede consagrarse y colocarse entre los enólogos más reconocidos del país, más allá de su proyección mundial. Teniendo los viñedos de la familia a disposición, y una propuesta de vinos tan completa, los ejemplares de Luigi Bosca seguro ganarán. Si hay que hilar fino, estimo que las líneas de alta gama comenzarán a tener más sentido de lugar porque Pablo es agrónomo y seguro se entenderá muy bien con la familia Arizu.

 

¿Qué opinás de los vinos de la Bodega Luigi Bosca?

El prestigio de la marca es lo más difícil de mantener, sobre todo en un contexto tan competitivo. Sin embargo, los vinos de Luigi Bosca siguen siendo de los más elegidos por el consumidor local, y además de los más exportados. Esto pone la vara muy alta en cada cosecha porque cada año los vinos deben estar por encima de los anteriores y aportar al prestigio de la casa y de la familia. Los varietales de La Linda han encontrado su propio carácter, incluso con vinos más serios de lo que la marca supone, como el Old Vineyards y el Smart Blend, dos propuestas más cercanas al estilo de Luigi Bosca.

Los varietales de Luigi son inobjetables, cada uno con su tipicidad. De ahí para arriba son todos muy prolijos. Vinos elegantes y expresivos, donde el carácter del vino y la crianza conviven de jóvenes. Esto les garantiza una evolución y un estilo equilibrado, junto con un buen potencial de guarda. Obviamente no son vinos jugados porque nacen de viñedos propios muy conocidos por el ing. Alberto Arizu, y porque el mercado de Luigi Bosca es el mundo. Esto obliga, de alguna manera, a buscar siempre la elegancia por encima de todo lo demás.

 

 

 

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